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EL ARCHIVO MADARIAGA EN LA CORUÑA

Por CARLOS MARTINEZ-BARBEITO

Publicado en Revista nº 22. Año XXII, La Coruña 1986 (ver publicaciones)

El Ayuntamiento de La Coruña creó y sostiene con sus fondos y con su apoyo moral, como órgano suyo que es en el campo de la cultura, el Instituto "José Comide" de Estudios Coruñeses, dedicado a la investigación histórica, al conocimiento del presente y al planteamiento del futuro de la ciudad. Si no fuera por esta institución municipal y por la Corporación que la respalda, el archivo y los libros de Salvador de Madariaga estarían a estas horas en cualquiera de las universidades norteamericanas que solicitaron ese importantísimo corpus del madariaguismo que gestionaron insistentemente y que hubieran pagado a precio de oro. Gracias, pues, al fervoroso conuñesismo del coruñés Madariaga, gracias al Ayuntamiento de La Coruña y gracias al Instituto "José Comide" de Estudios Coruñeses, la totalidad de los papeles ds Madariaga (manuscritos autógrafos de sus obras, notas, fotografías, epistolario con los más famosos personajes de su tiempo de todas las patrias y lenguas, primeras ediciones de sus libros asimismo en casi todos los idiomas del universo mundo, documentos para su biografía, distinciones que recibió en vida y después de muerto...) se encuentra en su adorada ciudad natal, que nunca le agradecerá bastante la generosidad y la prueba de amor y confianza que dispensó el ilustre polígrafo al donar y encargar de la custodia de semejante caudal al Instituto "José Cornide" de Estudios Coruñeses.

¿Cómo empezó todo? Muy sencillamente. Isabel Martínez-Barbeito, Secretaria-Conservadora y alma del Instituto, tuvo la idea de escribir a Salvador de Madariaga una carta que llevaba la fecha de 17 de febrero de 1967.

Habiéndose recibido en la Biblioteca Municipal, que entonces estaba a su cargo, una publicación de la Universidad de Berna realizada con motivo de haberse concedido a Madariaga el Premio Europa de la Fundación Stiftung Dr. Hans Deutsch, de la capital suiza, le manifestaba Isabel su gratitud a Madariaga, por presumir que de él había partido la indicación de que dicho volumen fuera remitido a su ciudad natal. Le anunciaba Isabel en su carta el envío de los estatutos y de la totalidad de las publicaciones del Instituto, que son muchas y de gran interés, para que Madariaga estuviese informado de su existencia y actividades y recibiese un recuerdo de la ciudad en que había nacido.

Animado Madariaga por esta carta y este envío, contesta el 27 de febrero diciendo que estaba a punto de donar su archivo personal a una universidad norteamericana, pero que, al tener noticia de la existencia del Instituto "José Cornide" de Estudios Coruñeses y de la obra que realizaba, empezaba a considerar la idea de enviarle algunos manuscritos suyos en Español.

El 26 de marzo respondía Isabel a esa carta con otra en que le sugería que, de perseverar en su propósito, entregase efectivamente al Instituto dichos manuscritos, donde serían celosamente guardados con el máximo cariño y puestos a disposición de los estudiosos de su personalidad y de su obra. Y añadía una sugerencia, tal vez un poco audaz: la de que enriqueciera la donación de los manuscritos en español añadiéndoles todos sus papeles autógrafos así como los impresos. Se crearía así un centro de estudios sobre Madariaga, precisamente en el punto en que había venido al mundo y del que guardaba recuerdos imborrables.

 nada Madariaga respondió como se esperaba de su entrañable coruñesismo. Decía a Isabel que había leído su carta "con gran placer". Pedía garantías de que, si remitía sus trabajos, "como era su deseo", quedasen bien cuidados y se pusieran al alcance de los investigadores. Y que, en caso de disolución del Instituto pasase el objeto de la donación, bien a la Universidad de Santiago, bien a la Academia Española de la que era miembro numerario, aunque sin haber tomado posesión de su plaza por razones fáciles de comprender. Pero, sin esperar a recibir tales seguridades, que posteriormente le fueron dadas, y que eran muy explicables a causa de su bien conocida situación respecto al régimen político entonces imperante en España, decidía dar comienzo a los envíos; ya de manera inmediata, llegó un paquete con manuscritos y otro con un primer manuscrito de carácter literario. Hay que reconocer que se necesitaba cierta audacia por parte de Madariaga al exponer a bastantes peligros sus papeles, y por parte del Instituto al atreverse a dar pública .muestra de su respeto y admiración por Madariaga en el tiempo de su proscripción y pudiendo como podía ser objeto de represalias.

Se reservaba aún el generoso donante sus intenciones acerca de los manuscritos en lenguas extranjeras, pero pooo a poco fue perdiendo el recelo.

Nueva carta suya, del 10 de abril, mostrándose tranquilo al haberle comunicado Isabel la llegada de la primera remesa sin que hubiera surgido incidente alguno de los que podían temerse. Insinúa Madariaga que "habría que ir a !a constitución del centro bibliográfico más completo de mi obra en todas las lenguas, incluyendo manuscritos, obra impresa y obra inédita".

Hubo que "institucionalizar" esta correspondencia, que hasta entonces había tenido un carácter meramente particular, y así fue como el Director del Instituto, Enrique Míguez Tapia, dio estado oficial a la cuestión, ya en vías de pleno desarrollo, escribiéndole una primera carta. Pero Isabel seguía en la brecha y a lo largo de la correspondencia y de unos encuentros personales que siguieron, fue anudando una amistad afectuosísima y pudiera decirse íntima con Madariaga y con Mimí, con la que también empezó a escribirse y que todavía no era su esposa sino su secretaria.

Inmediatamente y en la primera sesión plenaria que tenía lugar, se dio cuenta a los Numerarios del Instituto de todo lo actuado hasta entonces, resaltando el éxito que significaba para la institución el haber merecido la confianza de Madariaga hasta el punto de estar enviando ya el verdadero tesoro documental y bibliográfico que compendiaba toda su vida y obra. El pleno acordó expresar su satisfacción y reconocimiento por el gesto, de verdadero mecenas, del gran personaje europeo y universal.

El Director del Instituto le ruega que colabore Madariaga en la revista corporativa. También se hace eco de las inquietudes de Madariaga sobre la virtualidad y seguridad presentes y futuras de la donación y le tranquiliza sobre ello. Termina la carta pidiéndole permiso para hacer pública la donación con el consiguiente elogio a su persona, cosa que en aquel tiempo y en aquellas circunstancias no dejaba de ser aventurado. Sigue a esta carta otra del Director del Instituto reiterando su satisfacción y la gratitud de todos y exponiéndole las ideas más ajustadas para garantizar la conservación y buen uso de los libros y manuscritos que ya están llegando. Afortunadamente, el atrevimiento del Instituto no tropezó con ninguno de los inconvenientes que podían preverse y la donación fue llegando sin mayores dificultades.

 nada El 4 de mayo responde Madariaga aceptando los posibles riesgos, y, en vez de una solemne formalización jurídica, pide simplemente una carta declarando que, en caso de disolución del Instituto, pasaría el preciado patrimonio cultural en primer lugar a la Academia Española y, en su defecto, a la Academia Gallega y a la Universidad de Santiago. Se preguntaba con indudable sentido realista: "si bien la fórmula adoptada no garantiza del todo el porvenir ¿quién y cómo lo garantizaría?". Dicha carta de compromiso le fue enviada por Enrique Míguez Tapia el 30 de mayo de 1967.

Continúa ininterrumpidamente la correspondencia del Instituto con su favorecedor y a través de ella se advierten los demás pormenores de la donación. El entusiasmo de Madariaga por el Instituto llega a inspirarle un ambicioso plan de expansión de sus actividades, en que alternan la imaginación y el realismo. Razones económicas harían difícil la realización de la propuesta, cuyo contenido podrá verse en uno de los apéndices de este trabajo.

Madariaga envía, y se publica en el número 2 de la "Revista" del Instituto, la colaboración que se le había solicitado y que versa sobre las memorias de su infancia coruñesa. Se van estrechando los lazos de amistad entre Madariaga y la institución beneficiada por su esplendidez, y aún más con su Secretaria-Conservadora, con quien tanto el ilustre pensador como ya su esposa Mimí forjarían una relación amistosa de la que bien pronto participó, para honra suya, el autor de estas líneas.

Y al llegar a este punto, a la gratitud que mereció Madariaga por su acción, es precciso referirse, no sólo a Madariaga, sino a "los Madariaga". Son estos Madariaga su esposa Emilia, llamada familiarmente Mimí, que fue la fiel e insuperable colaboradora en los trabajos de su marido y la ejemplar cuidadora de su salud y de su vida y hoy de su memoria. Y también forman parte de "los Madariaga" las hijas del primer matrimonio de don Salvador, Isabel -llamada en la intimidad Lolita- y Nieves. Estas tres admirables mujeres, de superior cultura, por cierto, hicieron posible, no ya con su asentimiento a una decisión que las privaba del personal disfrute de la herencia bibliográfica y documental de su marido y padre, sino con su colaboración activa y entusiasta, la efectividad del valioso legado que hoy conserva La Coruña y en su representación el Instituto "José Cornide" de Estudios Coruñeses, con reverencial respeto.

Las mil y una vicisitudes de cómo llegó a hacerse realidad lo que en principio fue atrevido sueño, pueden seguirse en las actas del Instituto y en las noticias, muy frecuentes, que iba publicando su "Revista", así como en la larguísima correspondencia cruzada entre la familia Madariaga e Isabel.

Madariaga primero, y Mimí, últimamente con la colaboraron de Lolita, fueron enviando libros y más libros, papeles y más papeles. La Secretaria-Conservadora del Instituto, que hizo propia la cuestión, previo acuerdo del mismo, se trasladó a Oxford, donde a la sazón residía el matrimonio Madariaga que la hospedó cariñosamente en su casa, con objeto de hacerse cargo y transportar a La Coruña el grueso de la donación. Muerto ya Madariaga, siguen recibiéndose remesas, que aún no han terminado de llegar. Su contenido está siendo rigurosamente catalogado por una comisión del Instituto que forman el actual Director Antonio

 nada López Prado y los Numerarios Antonio Gil Merino, Antonio Meijide Pardo e Isabel Martínez-Barbeito, con la colaboración de personal técnico contratado al efecto a expensas de la Fundación Pedro Barrió de la Maza y del Ministerio de Cultura.

La munificencia y el acendrado amor de Madariaga a La Coruña, hicieron que el Instituto "José Cornide" de Estudios Coruñeses acordase en sesión de 14 de julio de 1969 ofrecer al insigne personaje el nombramiento de Miembro de Honor de la corporación. Bien merecido lo tenía. Para hacer entrega a Madariaga del diploma y medalla correspondientes, se trasladaron a Oxford el Director, Enrique Míguez Tapia, y el Miembro de Número Demetrio Salorio Suárez, quienes regresaron satisfechísimos de las atenciones que durante su estancia en la famosa ciudad universitaria británica les dispensó el matrimonio Madariaga. El homenajeado agradeció la distinción y tuvo palabras de sincero reconocimiento.

Por supuesto que el Instituto mantuvo siempre solícita relación con Madariaga, igual que luego con su viuda e hijas, y no descuidó hacerse presente en los homenajes que se le tributaban, como, por ejemplo, la concesión de los importantísimos premios europeos "Goethe" y "Carlomagno" y el español "Mariano de Cavia". El Instituto propuso por entonces a la Academia Sueca a Salvador de Madariaga para que le fuera conferido el Premio "Nobel", que por desgracia le fue negado, pese a sus merecimientos y a la universalidad de su obra.

Madariaga corresponde con inagotable generosidad a las atenciones del Instituto, comunicando que ha donado la suma de 34.000 dólares al Colegio de Europa, cuya fundación había promovido, a fin de que la emplease en becas para estudiantes españoles y portugueses, con la condición de que, de disolverse el Colegio, el dinero pasaría a ser propiedad del Instituto.

1976. Se acerca el nonagésimo aniversario del nacimiento de Madariaga. Se le insinúa que venga a celebrarlo en La Coruña el 23 de julio. Madariaga acepta encantado la invitación del Instituto, y viene con su esposa. Se cuenta con la aportación pecuniaria de la condesa de Fenosa. Los tiempos habían cambiado y ya no había motivos para temer nada. El Instituto se vuelca. Atiende y agasaja al ilustre matrimonio y organiza un solemne acto en la sala capitular del Palacio Municipal para entregarle el título de Presidente de Honor, que acaba de ofrecerle. Habló el Director del Instituto, Enrique Míguez Tapia; habló el Miembro de Número Juan Rof Carballo sobre "Fisiognómica de La Coruña en las ideas de Salvador de Madariaga", lo que constituyó su discurso de ingreso, posteriormente impreso, en la corporación. Y habló, magistralmente, el homenajeado, que dedicó efusivas y emocionadas palabras a encarecer su afecto a La Coruña, al Ayuntamiento y al Instituto. Por los mismos días, y a invitación de éste, el escritor y académico Alfonso García-Valdecasas dio una conferencia acerca de ""El carácter español en la obra de Madariaga". Pero quizá lo más llamativo de la brillante conmemoración fue la apertura de una interesantísima exposición de los fondos del Archivo Madariaga en un local municipal, a la que asistieron con gran complacencia los señores de Madariaga. Días después honró la exposición con su visita S.M. la Reina Doña Sofía, que hizo grandes elogios de la instalación, debida a Isabel Martínez-Barbeito y a Antonio Meijide Pardo.

 nada Pasan los años y Madariaga fallece en Locarno, donde residía, el 14 de diciembre de 1978. Día de tristeza para los coruñeses y para el Instituto. Se envía el pésame a la viuda y se organiza en homenaje a Madariaga, y con la asistencia de su hermana Pilar en representación de la familia, cuatro conferencias de algunos de los más prestigiosos intelectuales de España, que se celebran en la primera mitad del año 1979. Son estas: "Salvador de Madariaga, poeta", a cargo de Dámaso Alonso: "Madariaga historiador", por José Fernando Filgueira Valverde; "Examen de una novela de Madariaga", por Gonzalo Torrente Ballester, y "Salvador de Madariaga. 1886-1978", por Julián Marías. Las cuatro intervenciones resultaron magníficas y el texto de las disertaciones fue impreso en la "Revista" del Instituto, además de repartirse las correspondientes separatas.
Ya fallecido el eminente escritor, el Instituto, con la gentil cooperación de la condesa de Fenosa, invita a la viuda de Madariaga a trasladarse a la Coruña, donde se la atendió con la cordialidad más extremada. Llegó a La Coruña el 4 de junio de 1982.

Por último, al acercarse el año del centenario del nacimiento de Madariaga, en 1986, el Instituto trazó un plan de homenaje que consistía en sesiones académicas, conferencias, publicaciones y una exposición que prometía ser más importante que la de 1976, por cuanto desde entonces habían menudeado las remesas de documentos y libros y se habían incrementado los fondos de la donación, confirmada luego en el testamento del egregio personaje. Ahora bien; al asumir el Ayuntamiento las conmemoraciones en nombre del pueblo de La Coruña, el Instituto retiró sus proyectos y, desistiendo, como era natural, de la organización de los actos públicos y de las publicaciones, se limitó a acelerar, con el concurso activo de los miembros de la Junta de Gobierno, la clasificación, ordenación y catalogación de los riquísimos fondos que tiene en custodia y colaborar de este modo, es decir, preparando la exposición, con los proyectos del Ayuntamiento. La exposición proyectada tendrá lugar en el otoño de 1986, sucesivamente en La Coruña y en Madrid, y de seguro obtendrá una gran acogida por parte de las gentes cultas, dado que en ella figurarán todos los papeles que celosamente custodia el Instituto.
En la fecha en que se escriben estas palabras, siguen llegando y seguirán llegando todavía, enviadas por la familia Madariaga, voluminosas expediciones de libros y documentos que enriquecerán aún más el ya valiosísimo archivo.

De su existencia en La Coruña, al alcance de investigadores y público en general, quieren dar noticias estas líneas, que, además, tratan de dar a conocer un importante capítulo de la vida de Madariaga, que es el de sus siempre cordiales relaciones con La Coruña, con su Ayuntamiento y con el Instituto "José Comide" de Estudios Coruñeses.

 nada NOTA SOBRE EL DESARROLLO POSIBLE DEL INSTITUTO CORNIDE


Ofrezco al Instituto Cornide estas reflexiones sobre la función que puede desempeñar -y como lograrlo- dándome perfecta cuenta de que mi larga ausencia puede ser causa de error, pero con la esperanza de que estas líneas no sean del todo inútiles.

Consideraciones generales.

He creído observar en época reciente un feliz cambio en la actitud de los gallegos para con su tierra. Durante muchos años, me ha llamado la atención, y me ha entristecido, cierta tendencia en los nuestrcs a echarles la culpa a "los otros", "los castellanos" o "los de Madrid". No me acercaré a ese avispero más que para decir que, a mi ver, no hay tales avispas. Lo que ha habido siempre ha sido una indiferencia y pasividad de los gallegos para con la cosa pública gallega que, por un lado, dejaba inactivos a los del país, y por el otro, neutralizaba a los numerosos gallegos que han gobernado a España de cien años a esta parte.
El cambio que vengo observando y que considero de buen agüero alumbra una actitud menos crítica y más activa. En vez del lamento, la acción; en lugar de quejarse de que otros no hagan nada por Galicia, disponerse a hacerlo uno mismo; donde antaño se echaban miradas ya suplicantes ya indignadas hacia Madrid, ahora se mira al país gallego, se ve lo que hay que hacer y se dispone uno a hacerlo. Quizá exagere o peque de optimista o abuse del rosa en imi cuadro; pero así lo veo, al menos desde lejos.
Gran esperanza, pues; pero gran peligro. Todo parece indicar que Galicia se encuentra a las puertas de una fase de desarrollo, pero ¿hacia dónde? País de gran belleza natural y de una cultura humana profunda en su primitiva sencillez, Galicia corre el riesgo de avulgararse (como decía Unamuno) al enriquecerse. Quien de esto dudare lea y medite lo que el catedrático Don Carlos Otero Díaz escribe en el número de mayo-junio del 68 de la Revista del Instituto Cornide, donde se hallará una descripción inmejorable de la cultura aldeana gallega.
El momento para Galicia es pues a la vez esperanzador y grave. Se dispone a emprender la marcha. Pero ¿a dónde? Y ¿con qué guías?

 nada SANTIAGO Y LA CORUÑA.

Parece natural suponer que la dirección de esta marcha la tomen Santiago y La Coruña, que son respectivamente las capitales cultural y política de la región.
Poco diré sobre Santiago, cuya función queda definida por la Universidad. Claro que esta Universidad habrá que renovarla, y por lo menos en tres direcciones. Primero, como tal Universidad. Hay que terminar con ese escalafón de profesores que reduce la cátedra de Santiago a un mero primer peldaño, a nivel con La Laguna o Murcia, a partir del cual se va subiendo hasta llegar a Barcelona y finalmente Madrid. Hay que aspirar a que el profesor de Santiago se dé cuenta del honor que se le hace y se quede toda su vida allí. ¿Gallegos? No todos, pero los más. Y algunos portugueses. Y otrcs, de donde sean, con tal de que sepan. Es decir, habría que hacer de la Universidad de Santiago una verdadera Universidad.

En segundo lugar, una Universidad gallega; o, para que se me entienda, una Universidad española especializada en Galicia. Bilingüe, desde luego. Pero en donde desde el derecho hasta la historia y desde la medicina a la botánica o la geología, se mire con más detalle lo de Galicia que lo de otras tierras.
Finalmente habría que orientar la evolución general del país hacia un concepto de la Universidad regional que, imitando en esto a las francesas, se constituyera en una especie de dirección general de la enseñanza para toda la región, a fin de hacer de ella una unidad orgánica y coherente, con gran autonomía administrativa y financiera. Para negociar la construcción de un grupo escolar, habría que ir a Santiago y no a Madrid; y lo mismo digo para traer a Santiago a un gran matemático extranjero.

La función de La Coruña habrá de ser más compleja. Nuestra ciudad es la capital .general de Galicia, histórica, política, económica y social. Muy en grueso, podría decirse que, mientras Santiago dirigiría el pensamiento, La Coruña dirigiría la acción. Pero no hay que olvidar que estas dos facultades del espíritu humano son inseparables.
Puede ya verse aquí una primera actividad del Instituto Cornide: el íestudio concreto de lo que ha de ser la función de La Coruña en el desarrollo de Galicia y en especial en el de La Coruña misma. La capital viene obligada a hacer de sí misma un centro autónomo de las artes -teatro, conciertos, conferencias, escuelas de arquitectura, de música, de economía, de oceanografía, de veterinaria, plantel de cultura, de técnica, de arte, y del vivir civilizado-. Desde luego, bilingüe. Almáciga de los técnicos que el desarrollo del país va a necesitar. Ambiente para los espíritus que vayan diseñando y defendiendo la calidad, el timbre, el peculiar sabor del desarrollo que para Galicia hemos de querer.

En suma se trata de hacsr de La Coruña la capital espiritual de Galicia, el centro de su vida cultural, no solo consumidora de cultura sino creadora de cultura. Claro que ya lo es en cierto grado; pero muy modesto todavía. La función principal de La Coruña debe ser la de la cabeza (que, al fin y al cabo, eso es lo que el vocablo capital quiere decir). Hay que hacer de La Coruña la cabeza pensante, sentiente, y voliente de Galicia.
Se habla de destacar una facultad de esto o de lo otro. Sea. Pero tcdo eso es demasiado fragmentario y parcial. Hay que tener más ambición. Hay que aspirar a crear el impulso cultural, y a daríe un ritmo que ni por lento pierda el tiempo ni por veloz rebase los recursos vitales del momento.

 nada EL INSTITUTO CORNIDE

Este programa requiere una institución, y esta institución debiera ser el Instituto Cornide. Tiene que haber una cabeza-corazón, una voluntad pensante, un empuje inteligente que dirija, calcule, mida, inspire la acción creadora de la capital. Claro que seguirá ocupándose del pasado. ¿Cómo acertaría, si no, a barruntar el porvenir? Tradición y progreso son dos vocablos para designar el movimiento de la vida: el río de la vida, mirando hacia el monte es tradición mirado hacia el mar, es progreso. Con todo el ímpetu de su saber de ayer, el Instituto se volvería hacia la creación del mañana. Pero, y van dos, hay que ser ambicioso.

El Municipio de La Coruña merece gratitud y plácemes por haber concebido el Instituto. ¿No ha llegado la hora de emanciparlo? Ya es mayorcito, y si la ambición es fuerte, será mucho mayor. Hay que darle casa. Y casa grande.

Habría que prever en efecto las funciones siguientes:
  • Administración y dirección.
  • Estudios del pasado.
  • Información del presente.
  • Proyectos y planes para el porvenir.
  • Biblioteca y archivo.
  • Salas de teatro, cine, conferencias, exposiciones y conciertos.
  • Una espaciosa instalación en ala aparte, concebida como círculo o residencia, con salones de estar y habitaciones donde alojar a los huéspedes invitados, conferenciantes, becarios, profesores, investigadores.
Todo esto presupone un cuantioso personal de dirección, secretaría, administración, biblioteca, vigilancia y servicio. Añádase el gasto que habría que prever para publicaciones y para pagar viajes y honorarios.
No hay que apurar ya las cuentas de lo que sería menester reunir. Pero sí que, como primera aproximación no creo que valdría la pena apuntar a menos de un millón de dólares para la Fundación Cornide que sería la 'base financiera del Instituto. Alta es la mira, pero no es cantidad que los gallegos -los de casa y los de fuera- no puedan reunir si se lo proponen.






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